EL SUBORDINADO, REFLEJO DEL SUPERIOR

Tte. de Aviación P.A. Juan de Dios Miraflores

Según la mitología griega, Pigmalión fue un excelente escultor, por el virtuosismo con que elaboraba sus obras, muchos contemporáneos suyos lo consideraron el mejor escultor de la época.

Cuenta su historia que un día Pigmalión esculpió la figura de una bella mujer; la obra quedó tan perfecta que él mismo deseó, con mucha fuerza, que la escultura cobrara vida. De repente para el asombro del artista, la figura de la mujer comenzó a moverse.

El tema sobre Pigmalión ha sido retomado por los investigadores de la Universidad de Harward, quienes lo han aplicado a la Administración de Personal con el nombre de "Profecía de la realización personal" y lo conciben como: "la influencia que un superior ejerce sobre sus subordinados hasta cambiar el comportamiento de éstos".

La comprobación de la teoría antes mencionada se realizó con dos profesores de educación básica y dos grupos de alumnos que ambos no conocían. A uno de los maestros se le dijo que su grupo de estudiantes tenía gran facilidad para asimilar conocimientos y al otro que su grupo estaba integrado por niños problemas. Los resultados del experimento fueron sorprendentes: el primer grupo asimiló con gran facilidad porque hubo predisposición por parte del maestro; el otro grupo no captó nada nuevo debido a que el maestro los consideró como alumnos problemas desde el inicio.

Muchas aplicaciones tiene en la actualidad el efecto Pigmalión. Por ejemplo, en la relación familiar se manifiesta cuando el padre o la madre le repite al hijo, de manera insistente, que no suelte el manubrio de su bicicleta porque se puede caer y golpear. Con la repetición, inconscientemente, se le está diciendo al niño que es incapaz de conducir su bicicleta sin golpearse, es decir, se le hace pensar, sin quererlo, que es un bueno para nada.

En relación al campo militar, los administradores de recursos humanos deben poseer la capacidad de aprovechar al máximo dichos medios y una forma de lograrlo consiste en prestar la atención, de manera especial, a cada uno de los subordinados.

Sin embargo, con frecuencia observamos escenas entre superiores y subalternos, en las cuales, los primeros les llaman la atención de manera incorrecta. Por ejemplo, les dicen que no sirven para nada, son unos inútiles, que soliciten la baja o deberían desertar. Este tipo de recriminaciones inducen a insubordinación, desmotivan para la superación de deficiencias y pueden llevar a acomodamiento en su mismo rol, ya que el superior tiene una mala concepción del subordinado y éste no se la puede cambiar.

También hay Jefes que, al mismo tiempo que atienden a sus subordinados, realizan otras actividades; demostrando con esto, su falta de interés a los problemas o soluciones que ellos le plantean. La indiferencia provocará desánimo para la presentación de futuros trabajos, pudiéndose llegar, incluso a no presentarlos. El resultado, en ambos casos, será la aplicación de la rigurosa disciplina, la cual en vez de mejorar la capacidad del subordinado, le disminuirán sus niveles de autoestima y lo desmotivarán en la búsqueda de su desarrollo profesional al interior de la institución.

Si más adelante, el subordinado alcanza una posición de liderazgo, ésta le permitirá iniciar un nuevo ciclo de malos administradores, ya que en este caso, será él quien aplicará en forma equivocada su autoridad.

La motivación y la autoestima juegan roles determinantes en la persona que tiene la oportunidad de dirigir un grupo.

 

Las experiencias que pueden ilustrar lo anterior son muchas; por ejemplo, una empresa vendedora de seguros de vida en los Estados Unidos, para comprobar la teoría de Pigmalión, decidió dividir su fuerza de ventas en tres grupos: el primero, con los vendedores mejores; el segundo, con los promedios y el tercero, con los menos mejores. De igual forma, asignaron el jefe a cada grupo; al primero le correspondió el mejor gerente, el segundo el promedio y al último el menos capacitado.

Todos los vendedores deseaban estar en el "Super Equipo", como ellos lo llamaban.

No obstante, para pertenecer a él era necesario llenar ciertos requisitos que sólo los mejores alcanzaban. Los resultados del experimento fueron los esperados en el primero y segundo grupo; pero en el tercero, el gerente a cargo no aceptó ser un ejecutivo incapaz para cumplir sus metas y motivó al grupo a fin de demostrar que ninguno de los integrantes del equipo era menos capaz que el resto de vendedores, logrando al cierre del período, superar a ambos grupos en cuanto a porcentaje de ventas.

En la administración militar, la motitivación y el concepto que tenga de si mismo quien administra, son importantísimos, ya que si el líder es incapaz de motivarse personalmente no podría motivar al grupo que dirige. De igual manera, si él es una persona con bastante autoestima, su comportamiento será tal que la motivación la transmitirá a los subordinados, la unidad mejorará y por supuesto toda la institución también.

 

Actualmente la Fuerza Armada Salvadoreña, al igual que toda nuestra sociedad y el mundo entero, se encuentra en una etapa de grandes cambios. Por tanto, no es conveniente estancarse siguiendo formas tradicionales de administración. En ese sentido, quienes tienen la enorme responsabilidad de dirigir personal, están llamados a utilizar los nuevos métodos de administración a fin de realizar mejores papeles.

El Plan Arce 2000, por ejemplo, bus

 

ca profesionalizar al máximo nivel a todos los miembros de la Institución, pero la profesionalización no debe ser sólo en aspectos doctrinarios, sino también en cuestiones más operativas como la administración de personal.

El logro de los objetivos del Plan antes mencionado, dependen en gran medida, de una buena administración de los recursos humanos de la Institución Armada, ya que sin un personal capacitado y lo suficientemente motivado difícilmente se tendrá éxito, lo cual no es coherente con la misión que la misma Constitución Política le ha encomendado al concebirla como "Una institución de carácter permanente al servicio del pueblo" y con los ideales de su fundador, el General Manuel José Arce, cuando dijo: "El Ejército vivirá mientras viva la República".

Finalmente, el cumplimiento de objetivos ambiciosos, como los del Plan Arce 2000, podrá lograrse con más eficiencia si se evalúan, de forma permanente, todos aquellos aspectos relacionados con la administración de los recursos humanos de la Fuerza Armada a fin de ir superando todas las dificultades existentes en esta área. Lo anterior exige la incorporación de contenidos relacionados con la administración de personal en los programas educativos de la Fuerza Armada.